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Presentación del profesor Marc Augé

Marc Augé (Poitiers 1935) es uno de los pensadores más relevantes de nuestro tiempo.

 

No solo por su amplia trayectoria sino por la repercusión que conoce su obra en los diversos continentes. Durante este último medio siglo, su actividad científica le llevó a estudiar culturas diversas y comportamientos humanos en lugares tan diferentes como las lagunas del sur de Costa de Marfil, Togo o el espacio urbano de las grandes ciudades e, incluso, los lugares de anonimato. Sin contar que ha desempeñado cargos relevantes en el mundo académico tal que el de director de la EHESS de París, un hito entre las instituciones de investigación más prestigiosas del mundo.

Su obra abarca temas de un amplio espectro que van desde el profetismo y teoría de los poderes e ideología, a la sobremodernidad y sus consecuencias (globalización, nacionalismos, no lugares…) o a diversos aspectos de la producción artística, con un impacto creciente sobre el pensamiento contemporáneo tanto por su estilo de ensayos breves sobre temas de hoy y de siempre –por lo que algunos no dudan en compararle a Montaigne– como por haber sabido prever las consecuencia de los cambios vertiginosos que la cibernética y el mundo de las comunicaciones implicaba.

Sus libros traducidos a númerosos idiomas (castellano, inglés, italiano, portugués, japonés, principalmente; pero también algunos de entre ellos han sido vertidos al alemán, al rumano, al árabe, turco, serbo-croata, islandés, griego, checo, polaco, coreano…). Si su obra conoce tamaño eco en ambientes distintos es por haber explorado formas de investigación tan variadas como el ensayo, la narrativa, el cine o la etno-ficción, su capacidad de entender las trasformaciones culturales de nuestro tiempo y de sensibilizar a un amplio público a una realidad común: la de ser una misma especie con culturas plurales y compartir el devenir de un mismo planeta. Élisabeth Roudinesco, en el número homenaje que la revista L’Homme dedicó a Marc Augé, resume en un corto párrafo la complejidad del pensador y del ser humano que le abriga. «Etnólogo del cara a cara, de las travesías, de los no-lugares y de las tretas de la razón, Marc Augé prefiere la risa, la elusión, la ficción, el sueño y la huida aparente a la confrontación con la pesantez de sistemas de pensamiento que pretenden organizar o estructurar nuestro universo mental, síquico o social».

Por esas diversas razones consideramos que su venida a Ecuador, amén de acrecentar el prestigio de las instituciones anfitrionas (Universidad de Cuenca; FLACSO), puede abrir perspectivas de investigación en un espectro académico amplio (antropología, literatura, humanidades, sicoanálisis, urbanismo, artes, turismo, informática, ciencias de la comunicación…) y, sobre todo, consolidarnos en la convicción de que la educación es el horizonte común de la humanidad ya que, como afirma él mismo en una entrevista reciente al diario La Nación de Buenos Aires, esta es una prioridad para crear un futuro más equitativo. «Creo que la historia del hombre no está terminada. Que en nuestro mundo globalizado, la importancia del conocimiento hace progresos y eso es fundamental. A partir del siglo XX, la ciencia ha hecho progresos acelerados que nos permiten adivinar perspectivas revolucionarias. Ante esas perspectivas, algunas buenas y otras inquietantes, nuestras sociedades necesitan un cambio revolucionario en el terreno de la educación. De lo contrario, la humanidad quedará dividida entre una aristocracia del conocimiento y la inteligencia, y una masa social cada día menos informada.

Ese desequilibrio reproducirá y multiplicará la desigualdad económica. Por eso la educación es, a mi juicio, la principal de las prioridades » (La Nación/ADNCultura, 14 de marzo de 2014).