En un ambiente cercano, lleno de reflexión y experiencias compartidas se desarrolló el conversatorio “Café ConCiencia: Charla cercana entre investigadoras”, un espacio que reunió a estudiantes, docentes e investigadoras para dialogar sobre los desafíos, aprendizajes y aspiraciones de las mujeres en la ciencia.

La jornada se desarrolló en el Aula Taller de la Universidad de Cuenca, que se llenó de asistentes interesadas en escuchar y compartir experiencias en el marco del Día Internacional de la Mujer (8 de marzo) y de la agenda institucional por el 11 de febrero, Día Internacional de las Mujeres y las Niñas en la Ciencia.

El encuentro fue moderado por la Diana Larriva, docente investigadora de la Facultad de Ciencias Médicas, y contó con la participación de la Jaqueline Verdugo, docente investigadora de la Facultad de Filosofía, Letras y Ciencias de la Educación, y la Verónica Carrillo, docente investigadora de la Facultad de Ingeniería.

Caminos distintos, una misma pasión por la docencia, la ciencia y el aprendizaje

Durante el conversatorio, las panelistas compartieron las historias que las llevaron a dedicarse a la investigación.

Verónica Carrillo recordó que su afinidad con la ciencia nació desde muy pequeña, motivada por la curiosidad de entender cómo funcionan las cosas y por el deseo de encontrar respuestas a los fenómenos que la rodeaban.

Por su parte, Jaqueline Verdugo destacó el papel de las mujeres que han marcado su camino académico, mencionando a varias mentoras dentro de la universidad. Sin embargo, hizo una mención especial a su madre, a quien describió como un ejemplo de lucha, fortaleza y perseverancia.

La vida académica y los desafíos de ser mujer

Uno de los momentos más enriquecedores del encuentro fue la reflexión sobre los retos que enfrentan las mujeres al buscar equilibrio entre la vida profesional y la vida personal

Mientras Verdugo habló sobre la experiencia de combinar la investigación con el cuidado de la familia y la crianza de los hijos, Carrillo compartió que en ocasiones la intensidad del trabajo académico puede llevar a olvidar el tiempo personal y el autocuidado.

Estas experiencias distintas evidenciaron una realidad común: no existe una única forma de construir una vida profesional y personal como mujer, y cada trayectoria responde a decisiones, aspiraciones y contextos diferentes.

Las panelistas coincidieron en la importancia de aprender a distribuir el tiempo y equilibrar las responsabilidades, recordando que tanto el desarrollo profesional como la vida personal son parte fundamental del bienestar.

Perseverar, aprender y volver a levantarse

Durante el conversatorio surgieron reflexiones profundas sobre los desafíos que enfrentan muchas mujeres en el ámbito académico, entre ellos el síndrome del impostor, una sensación que lleva a dudar de las propias capacidades a pesar de los logros alcanzados.

Frente a ello, las investigadoras invitaron a las asistentes a confiar en sus capacidades, perseverar en sus objetivos y no dejarse limitar por el miedo o por el “qué dirán”.

Uno de los mensajes que más resonó durante la conversación fue que entre el deseo y la realidad de ese deseo sólo existe el cielo, y hacia allí debemos apuntar, recordando que los sueños se construyen con esfuerzo y determinación.

En este sentido, las panelistas alentaron a las nuevas generaciones a ser valientes, desaprender los límites que muchas veces la sociedad impone y levantarse ante las dificultades, comparando este proceso con el renacer del ave fénix.

Generosidad y apoyo entre mujeres

Otro de los temas que surgió durante el diálogo fue la necesidad de fortalecer la sororidad entre mujeres, reconociendo que en ocasiones existen dinámicas de competencia o falta de apoyo que no siempre se visibilizan.

Las participantes coincidieron en que lo que no se visibiliza se normaliza, por lo que resulta fundamental generar espacios de encuentro donde estas realidades puedan ser discutidas abiertamente.

Desde su experiencia como docentes e investigadoras, las panelistas destacaron la importancia de impulsar a las nuevas generaciones y abrir oportunidades para otras mujeres, recordando que la ciencia se fortalece cuando existe generosidad y colaboración.


Un diálogo abierto con la comunidad universitaria

El conversatorio también contó con una activa participación del público, que planteó preguntas y reflexiones sobre diversos temas.

Entre las intervenciones destacó la de María Elena Cazar, exdirectora de Calidad y Gestión de la Investigación, quien reflexionó sobre el sentimiento de culpa que muchas mujeres profesionales experimentan al priorizar su formación.

En este sentido, señaló : “la culpa no debería existir cuando una mujer se educa, ya que al hacerlo no sólo transforma su propia vida, sino que también contribuye al desarrollo de su familia y de su entorno”

Un ejemplo de colaboración entre mujeres

Uno de los momentos más significativos del encuentro ocurrió cuando Monserrath Jerves, ex vicerrectora de Investigación e Innovación, compartió su experiencia durante el proceso de transición hacia la actual vicerrectora, Dra. Lourdes Huiracocha.

Ambas reflexionaron sobre la importancia de acompañar estos procesos desde el respeto y el apoyo mutuo, dejando un ejemplo de que es posible priorizar el bienestar institucional y el crecimiento de la universidad por encima de las diferencias políticas.

Inspirar a las nuevas generaciones

El conversatorio dejó un mensaje claro para la comunidad universitaria: la ciencia avanza cuando existe generosidad, colaboración y compromiso con las nuevas generaciones.

A través de este espacio, las investigadoras de la Universidad de Cuenca compartieron no solo sus trayectorias académicas, sino también las experiencias humanas que acompañan el camino de quienes deciden dedicarse a la ciencia.

“Café ConCiencia” se consolidó así como un encuentro que permitió escuchar, aprender y fortalecer redes entre mujeres, recordando que cada historia puede convertirse en inspiración para quienes comienzan su camino en la investigación.