Después de cinco años de investigación, encuentros, aprendizajes y experiencias compartidas, el proyecto RECETAS llegó a su fin dejando una huella profunda en quienes formaron parte de esta iniciativa internacional que buscó comprender y aliviar la soledad a través de la conexión social y el contacto con la naturaleza.
El evento de cierre, denominado “Salud mental, reconexión social y naturaleza: Estrategias para ciudades saludables”, reunió a participantes, investigadores, facilitadores y representantes de diversas instituciones para reflexionar sobre los logros alcanzados y el impacto generado durante el desarrollo del proyecto. Como parte de la jornada, se realizó la entrega de certificados de reconocimiento a las organizaciones que, con su compromiso y apertura, hicieron posible los procesos de investigación e intervención participativa impulsados por RECETAS. Entre ellas se encuentran el Centro de Cuidado del Adulto Mayor, Observatorio de Salud, programa de Sabiduria Activa, el Centro de Atención al Adulto Mayor del IESS, el Hogar Miguel de León, la Universidad del Adulto Mayor UPAM, Hogar Cristo Rey y la Asociación de Jubilados de la Empresa Eléctrica.

Asimismo, se reconoció a las 11 personas que participaron como facilitadoras y facilitadores del proyecto, destacando su valiosa contribución y su rol proactivo en la construcción de evidencia científica. Gracias a su acompañamiento cercano y comprometido, fue posible desarrollar y documentar experiencias que han demostrado los beneficios de la reconexión social y el contacto con la naturaleza como estrategias efectivas para aliviar la soledad y mejorar el bienestar de las personas adultas mayores de la ciudad de Cuenca.

Más que presentar resultados, el encuentro permitió compartir historias de transformación personal y colectiva que evidencian el valor de construir comunidades más conectadas, empáticas y saludables. Asimismo, se destacó el aporte de RECETAS como una iniciativa que genera evidencia científica y propuestas orientadas a visibilizar la soledad como un desafío social y de salud pública, promoviendo la construcción de políticas públicas y estrategias urbanas que fortalezcan el bienestar, la participación social y la calidad de vida de la ciudadanía.
Para Cristina Guerrero Alvarado, facilitadora del programa, RECETAS representó una experiencia profundamente humana. Desde su formación profesional en psicología, reconoció que muchas veces se enseña a mantener distancia emocional en los procesos de acompañamiento. Sin embargo, el proyecto le permitió descubrir nuevas formas de relacionarse con las personas.

Las caminatas por senderos naturales, los encuentros comunitarios, las conversaciones compartidas y la conexión con los espacios verdes demostraron que la empatía, la escucha y la cercanía también son herramientas valiosas para enfrentar la soledad. Según explicó, aunque las experiencias difíciles del pasado no pueden cambiarse, sí es posible resignificarlas. Sentirse parte de una comunidad, de una ciudad y de un entorno natural permite encontrar nuevas formas de vivir y comprender la soledad, transformándola en una oportunidad para sanar y construir bienestar.
Desde la investigación, los resultados también fueron reveladores. David Acurio, docente e investigador de la Universidad de Cuenca y codirector del proyecto, destacó que RECETAS transformó la manera de comprender la realidad de las personas adultas mayores y permitió reconocer tanto sus potencialidades como las limitaciones que enfrentan en las ciudades actuales.
El proyecto generó evidencia científica sobre los efectos positivos de las prescripciones sociales basadas en la naturaleza, mostrando mejoras significativas en aspectos relacionados con la salud física y emocional. Variables como la calidad del sueño, la respiración, la audición, la visión y las relaciones interpersonales reflejaron cambios importantes, demostrando que fortalecer los vínculos sociales y promover el contacto con la naturaleza puede tener impactos concretos en la calidad de vida.

Los aprendizajes de RECETAS trascendieron además las fronteras locales. El consorcio internacional trabajó con diversas poblaciones, incluyendo personas migrantes y jóvenes en distintos países, generando conocimiento que hoy contribuye a comprender mejor cómo enfrentar uno de los desafíos sociales más relevantes de nuestro tiempo: la soledad.
Quizás uno de los mayores logros del proyecto se encuentra en las relaciones que nacieron entre sus participantes. Aida Calle, integrante de RECETAS, expresó su gratitud por haber encontrado nuevas amistades y por la posibilidad de formar un grupo que continúa reuniéndose más allá del proyecto. Lo que comenzó como una actividad de investigación se convirtió en una red de apoyo y compañía que sigue creciendo.

De esta experiencia surgieron incluso sus propias “reglas para el buen vivir”, construidas colectivamente para enfrentar la soledad desde una perspectiva positiva. Entre ellas destacan mensajes sencillos pero poderosos: decir sí a los paseos, a la buena comida, a los amigos, a las visitas, a los viajes y a pedir ayuda cuando se necesita; y decir no al encierro, al silencio, al aislamiento y al sedentarismo.
Al cerrar este ciclo, RECETAS deja una certeza: la soledad no es únicamente una experiencia individual, sino un desafío social que puede abordarse desde la comunidad, la naturaleza y el cuidado mutuo. La evidencia científica es importante más aún si está relacionada con politicas públicas que pueden traducirse en historias, vínculos construidos y vidas transformadas. Otras formas de convivir y cuidar son posibles desde la academia y la sociedad.
Porque, al final, RECETAS demostró que reconectar con otras personas y con la naturaleza también es una forma de sanar.