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Estados Unidos y Europa otorgaron nuevas patentes a la Universidad de Cuenca sobre el descubrimiento de la actividad anticonvulsiva del aceite de cúrcuma identificada en modelos animales y atribuidos a tres principios activos de esta planta herbácea. El hallazgo fue de Adriana Orellana, investigadora de la Facultad de Ciencias Médicas. 

Estados Unidos y Europa otorgaron nuevas patentes a la Universidad de Cuenca sobre el descubrimiento de la actividad anticonvulsiva del aceite de cúrcuma identificada en modelos animales y atribuidos a tres principios activos de esta planta herbácea. El hallazgo fue de Adriana Orellana, investigadora de la Facultad de Ciencias Médicas.

El aporte científico de esta investigación mereció un primer reconocimiento por parte de Japón. Estas patentes internacionales son las primeras de este tipo para la Universidad y sus certificaciones se basaron en las especificaciones registradas en la base de datos de la Organización Mundial de Propiedad Intelectual (OMPI). Al momento se espera una respuesta de la India, con lo cual se sumaría una cuarta patente.

Orellana, aclaró que no existen patentes mundiales, sino territoriales, es decir que cada país confiere a los inventores, derechos exclusivos sobre su descubrimiento; a través de la oficina de patentes que verifica que el nuevo conocimiento no haya sido previamente reportado a nivel mundial y que no se haya registrado antes en ese territorio en particular.

La investigadora manifestó que la Universidad de Cuenca, al ser copropietaria de estas patentes, visibiliza su contribución activa a la generación de nuevo conocimiento en la comunidad científica mundial así como su participación como Institución Académica en la generación de productos innovadores de tipo farmacéutico cuyo beneficiario principal es la sociedad.

El proceso

Conociendo los principios activos del aceite de cúrcuma, lo novedoso en un primer momento de la investigación -fase preclínica- fue descubrir que los compuestos tienen la capacidad de controlar crisis convulsivas sin producir efectos adversos, lo que fue probado mediante experimentos realizados en peces cebra y ratones. Este descubrimiento es el que se patentó.

En la segunda etapa de la investigación, que es la fase clínica, se debe realizar pruebas en humanos, que comprende un proceso de investigación que puede durar de 10 a 20 años. Adriana Orellana junto a los coinventores de la patente continúan explorando posibilidades de nuevas investigaciones en el tema y se muestran positivos frente al interés de la comunidad científica.
     

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