En el mundo del emprendimiento, uno de los desafíos más decisivos es conseguir financiamiento. Sin embargo, no todas las fuentes de financiamiento impulsan los negocios de la misma manera, y tampoco afectan por igual a hombres y mujeres, o a quienes emprenden por oportunidad o por necesidad. En muchos países, especialmente en aquellos en vías de desarrollo, esta realidad determina quién logra sacar adelante una idea y quién se queda atrás.
A escala global, las alternativas de financiamiento más comunes —como los bancos— suelen favorecer a los emprendedores hombres, sobre todo a quienes emprenden porque identificaron una oportunidad de negocio. Las mujeres, en cambio, encuentran más barreras: menor acceso a redes, escasa garantía para respaldar créditos y sesgos que aún persisten en el sistema financiero tradicional. Frente a estas dificultades, modelos como las microfinanzas y el cooperativismo se han convertido en aliados clave. Las microfinanzas —instituciones pequeñas que otorgan créditos accesibles— han demostrado ser especialmente valiosas para impulsar negocios liderados por mujeres en países en desarrollo. Estas alternativas no solo facilitan recursos económicos, sino que también acompañan procesos de formación y fortalecimiento comunitario, reduciendo brechas históricas de exclusión. El cooperativismo, por su parte, sobresale como un motor particularmente poderoso para el emprendimiento femenino. Las cooperativas no solo financian proyectos, sino que promueven redes de apoyo, ahorro colectivo y participación democrática. Este modelo resulta determinante para mujeres que buscan independencia económica y estabilidad, ya sea por oportunidad o por necesidad.

En contraste, el financiamiento convencional —como los bancos— continúa mostrando limitaciones, especialmente para mujeres. Aunque puede beneficiar a negocios con alto potencial de crecimiento (mayoritariamente liderados por hombres), no siempre responde a las necesidades reales de emprendedores con menos recursos o en contextos vulnerables. A nivel general, las fuentes alternativas de financiamiento tienen un mayor impacto en los países con menores niveles de desarrollo. En estas regiones, donde la falta de educación financiera, infraestructura tecnológica o recursos formales limita el acceso al crédito, las opciones colaborativas se vuelven esenciales para transformar ideas en negocios sostenibles.

En conjunto, estas dinámicas muestran que el financiamiento no es solo un asunto económico: también es una pieza clave en la reducción de desigualdades y en la construcción de ecosistemas emprendedores más inclusivos. Impulsar alternativas accesibles y sensibles al contexto —como microfinanzas, cooperativas, u otra forma de financiación colaborativa— puede marcar la diferencia para miles de emprendedores alrededor del mundo.
Sobre la autora:. Ingeniera Comercial, Máster en Administración de Empresas. Doctora en Ciencias Sociales y Jurídicas. Docente de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas, Directora de la Carrera de Emprendimiento e Innovación.
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